Me acuerdo de ti y deseo que estés bien.
He reunido valor para escribir esta carta, a sabiendas de que jamás la leerás (como todas las anteriores), y recordar los buenos momentos que hemos pasado juntos, para reafirmar mi confianza, mis sentimientos y recordar que ocurrieron muchas cosas bonitas entre nosotros tanto en cantidad como en calidad y que superan los malos entendidos y pequeños contratiempos surgidos, de hecho, tú mismo lo dijiste.
Nuestra historia es una balanza desequilibrada que, depende del día y de mi estado anímico, se equilibra de tal manera que soy incapaz de reafirmar los mismos sentimientos del principio. No sé, llamadme bipolar.
La valentía y mi súbita voluntad para decirte todo esto me permite también confesarte que tu has sido una de las personas más importantes en mi vida y que todavía cultivo un gran cariño por ti.
Me gustaría poder decirte todas estas cosas personalmente, mirando el fondo de tus ojos verdes, sintiendo tu reacción a cada palabra mía y que me confirmara lo que ya sabes: que todavía estoy aquí para ti, todavía estoy contigo, a tu lado. Aquí mismo, pensando en si estarás bien o en si me necesitarás.
Cosa que, tú no creo que hagas ya. No lo creo porque... Joder, te conozco y tú haces un pasado pisado demasiado deprisa, sin temor ni miedo alguno a lo que pueda pasar después.
Sin miedo a equivocarte, sin miedo a equivocarnos ambos por dejar de pensarnos.
Además, me gustaría rectificar algo que dije al principio.
Tú no fuiste importante en mi vida, ¡tú aún eres importante en mi vida!
Quiero que entiendas que esta carta no es para pedirte disculpas, pues creo que en nuestro caso las disculpas nos llevarían la vida.
Esta carta es para que entiendas que me has marcado.
Que tengo un después de ti y un antes, que gracias a ti soy una nueva persona. Una aprendiz... Sin su maestro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario