Como deberes para la clase de Lengua me tocaba escribir un pequeño relato y decidí meterte a ti en medio de todo esto.
Siempre presente en todo, en absolutamente todo.
--------------------------------------------------------------------------------------------
Era la Navidad del 94 y el frío se notaba en el ambiente.
Por aquel entonces, la gente comenzaba a poner los árboles
con guirnaldas, bolas de colores, estrellas... Y al pie de ellos, regalos.
¿Te acuerdas cuándo poníamos juntos el árbol escuchando a
Los Beatles?
Tus adornos favoritos eran las estrellas azules que poníamos
en la punta de cada rama, que desprendían una luz blanca y tenue despertando la
curiosidad de toda la familia cuando nos reuníamos en el salón a cenar aquel
cordero tan rico que preparabas.
Esta Navidad todo es distinto: No hay árbol, ni luces
blancas iluminando la habitación, ni cordero en la mesa... No hay nada. No hay
esa alegría que contagiabas, no hay risas retumbando entre las cuatro paredes
del salón, no hay regalos al pie del árbol... No estás tú.
Cuando me dejaste, me dijiste que la vida continuaba. Que
con o sin ti, debía seguir con mis rutinas; a las que te acabaste
acostumbrando, mis manías; que tanto odiabas. Me dijiste que debía seguir
cantando mientras tendía la ropa o mientras ponía la mesa. Me explicaste que
hacer cuando tu voz enmudeciera, cuando el camino terminara, cuando ya no
quedaran las palabras, los secretos entre los dos...
El árbol guardado, la mesa sin poner.. Delatan una historia
con mil finales, una historia que acabará sin volver a verte nunca más.
Derrepente, alguien pica a la puerta.
Mis padres sonríen con una caja de cartón en la mano. Mi
regalo de Navidad... Yo esta Navidad no les he comprado nada y ellos aún
conservan la ilusión de hacerle un regalo a su hijo, a sabiendas de que no lo
disfrutará. Jamás volverá a disfrutar de nada.
Esta Navidad sólo había comprado un regalo y era para ti. Te
había comprado un vestido rojo con volantes, para que lo llevaras cuando
saliéramos a dar nuestro cotidiano paseo por las calles de tu querida Tremp.
Supongo que ya no te podré hacerte una foto con ese vestido
y tu sonrisa en el medio del valle de Pallaresa.
Por suponer, diría que supongo que tampoco tengo nada que
perder si voy a darte tu regalo, tu vestido. Quizás no me abrirás la puerta y
me darás un beso, como ha ocurrido las 34 veces anteriores.
Quiero intentarlo una última vez más.
Me pongo mis botas negras que tanto te gustaban y me marcho
corriendo.
Atravieso Tremp en menos de media hora corriendo, corriendo a por
ti.
Y por fin, por fin llego a tu casa.
La puerta principal sigue abierta, como la última vez que
vine.
Recorro los pasillos ansioso de llegar a tu habitación y a
lo lejos la encuentro.
Está como siempre.
Coloco el paquete envuelto con cinta verde y papel blanco
encima de tu cama y me dispongo a marcharme cuando oigo una voz que me grita a
lo lejos. Es una voz anciana y ronca pero puedo entender perfectamente lo que
me quiere decir: ''Joven, todos los días 26 de cada mes deja aquí una caja
envuelta y al final, tengo que acabar tirándolas porque este no es el lugar de
dejar tantos regalos. No dan buena imagen un montón de cajas apiladas ante una
tumba''.
Le miro al fondo de los ancianos ojos verdes del hombre y me
marcho sonriendo.
Ignorante... No entiende que sigues aquí.
Alzó la vista al cielo y ahí te veo, sonriéndome como la
primera vez: ''Cariño, este mundo está muy dormido. No saben que hay mucho más
allá de lo que los ojos pueden ver''.
----------------------------------------------------------------------------------
Y fin de la historia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario