Queridos Reyes Magos:
Este año he tardado más que de
costumbre en escribiros estas líneas, en las que año tras año he ido
pidiéndoos: juguetes de toda clase y color, aparatos electrónicos cada vez más
innovadores, libros compuestos por páginas repletas de historias... pero este
año no.
Como todas las navidades, los
buzones se han llenado de catálogos y propaganda de tiendas con productos
infantiles, juveniles y/o atractivos
para cualquier edad.
He leído cerca de diez catálogos con
marcas distintas, de ciudades diferentes... He visto cientos de anuncios, he
escuchado diversos números de teléfono a los que llamar para conseguir cierto artículo,
he picado en la curiosidad de saber que es aquello que anuncian hora tras hora
bajo el lema de ''lo nunca visto'', y he caído en que era el mismo ordenador
pero con un color distinto.
Este año no he echado en falta un
buen libro de aventuras, me bastaba con ir a la librería de la esquina o a la
de enfrente, pero sí cariño. Por eso quiero tres kilos por esas veces en las
que me ha faltado el calor de un abrazo.
No he echado de menos un móvil
nuevo, constantemente los anunciaban, pero sí confianza, cinco kilos por
aquellos en los que confié y me defraudaron.
No me he quejado por no tener ese
peluche, mis estanterías siempre estuvieron llenas y si no, ahí tenía la
tienda. De hecho, varias fueron las veces en las que me acerqué al
establecimiento para adquirir uno, cuando en realidad lo que quería eran unos
gramos de inocencia. Nunca los pude conseguir, no se vendían, pero confío en
vuestra magia.
Tampoco me ha quitado el sueño el
hecho de conseguir esos playeros rojos tan bonitos que ''corren solos'', el
precio era asequible, la tienda abría de Lunes a Domingo y no me pillaba muy
lejos de casa, pero caí en la cuenta de que unos playeros no me darían la
fuerza y la resistencia que estaba buscando. ¿Qué tal si me enviáis también un
par de cajas de cada?.
He estado enferma pocas veces,
además la farmacia siempre estuvo ahí, las veinticuatro horas de los 365 días,
con una cantidad indecente de pastillas, analgésicos, pomadas y antibióticos de
toda clase, pero... ¿y ese dolor que nadie me podía quitar? el dolor de perder
a alguien a quien quería, el dolor de ver a mi hermana sufrir por alguien que
no la merecía, el dolor de no saber si encajaba en mi familia, el dolor de no
verme bien a mí misma... ¡100 placebos, por favor!.
Para terminar con mis regalos quiero
un curso avanzado sobre el arte de vivir.
Ya he terminado con mis peticiones,
pero no puedo dejar de lado a mi familia, a mis amigos, a los vecinos que
siempre me han dado la pizca de sal que necesitaba y a los conocidos. Para
todos ellos quiero lo típico, lo básico: Salud, felicidad, alegría... Bueno, de
eso os suelen pedir bastante, así que más o menos os hacéis una idea.
¡Se me olvidaba! Que también quiero
pedir por los que ya no están, ¿qué pasa que no merecen un regalo por pequeño
que sea? Pido cien oraciones por cada uno.
Y ahora sí, he llegado al final de
mi carta, una carta llenas de deseos poco vistos, una carta vacía de cosas que
se pueden palpar, una carta un tanto rara, pero es la carta que siempre he
soñado con escribir.
Feliz Navidad y buen viaje.
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