jueves, 10 de diciembre de 2015

La Dictadura Racinguista

''Quien teme perder, ya está vencido''.

Nunca hubiera llegado a pensar que jugaríamos en El Sardinero, en un campo de primera, en un campo grande, en un campo que han pisado el Sporting, el Real Betis o el Real Madrid.

Este Domingo, comprobé por mí misma que los sueños pueden pasar de un minuto a otro a ser realidades.

Este Domingo, volví a marcar con una cruz la fecha en el calendario.

Este Domingo pensé y llegué a la conclusión de que jamás volveré al Sardinero. A pesar de eso que dicen de ''nunca digas nunca'', yo lo digo.
Yo juré desde el Domingo no pisar tal tierra y por consecuente no pisar tal campo.

Salir de casa con la bufanda al cuello, con ilusión, con ganas, con orgullo.

Visitar la capital, esa ciudad con una gran fama que, sinceramente, no sé de dónde viene.

Y tras seguir esos dos sencillos pasos... Llegó.

Llegó la hora de pisar un gran campo, de ver a los míos jugar en el Camp Nou cántabro.

Caminé hacia la puerta 21, puesto que allí se sacaban las entradas que permitían el acceso al maravilloso estadio y me aproximé a la taquilla más cercana, donde un hombre con gafas y aspecto (OJO, ASPECTO) amable me atendió.

- Buenos días, ¿me podría dar seis entradas para Preferencia Oeste?
El hombre de ASPECTO amable me miró de arriba abajo, tanto a mí como a mis acompañantes.

De repente soltó la gran frase mágica que me llevó a ser tan arrogante con él:

- Si te quitas la bufanda te podré dar la entrada para Preferencia Oeste, si no atente a las consecuencias.

Bueno, no creo que deba explicar cómo terminó la historia, simplemente (no sé bien si por orgullo, justicia o dignidad) no me quité nada. No moví ni un sólo músculo, cogí mis entradas para la Preferencia Oeste y disfruté del partido.

Eso sí, me marché, pero me marché dejándole claro cuatro cosas porque lo siento mucho, será mi mal carácter o será que salto a la primera de cambio, pero ante cosas como estas no me puedo mantener callada.



¿Quién era él para decirme qué me tenía que poner o que me debía quitar? 

Denominé este ''suceso'' como La Dictadura Racinguista.

Estoy harta. De verdad que os lo digo así de claro.


Harta de que la gente me mire por la calle cuando llevo la camiseta del Lealtad.

¿Qué hay de raro? ¿Y la chica de la calle de más allá que lleva la del Oviedo? ¿Por qué a ella no la miráis ni la criticáis? 


Estoy harta de que haya una diferencia entre equipos, sentimientos y colores tan sumamente abismal.


Harta de la etiquetas de ''poderoso'' y ''mediocre''.


Estoy harta de estas dictaduras que no conducen más que al fracaso, al error y a la desilusión por mostrarte tal y como eres.


Lo de Santander fue la gota que colmó el vaso para que estallara, para que explotara.


No puedo seguir teniendo miedo de que mi miren por la calle cuando llevo con orgullo mi camiseta, la camiseta que me representa a mi y a toda mi vida, a todo lo que es importante para mí.


No puedo seguir con las dictaduras de ''pero quítate eso'', ''no vayas buscando pelea con esa camiseta'', etc... .


Harta del ''¿Pero cómo puedes llevar eso?''.


Dictadores del mundo: ¿Por qué no os prohibís a vosotros mismos el ser tan hipócritas?


Dejad que cada uno vista acorde a su vida, a su estilo, a su forma de presentarse al mundo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario