Llegó y dijo que le quería.
Que se lo llevaba.
Que no tenía una explicación para dar, que era un simple capricho.
No necesitó permiso paterno ni una orden de registro para entrar en su vida y desmontársela.
Entró en lo más hondo de él, le cubrió con un manto de dolor y de injusticia y le llevó ante el peor tribunal.
Le declararon culpable.
No me preguntéis los cargos que se le atribuyeron, pues sólo puedo deciros que le metieron en la peor de las cárceles sin poder jugar con la carta de libertad condicional.
A veces buscamos por qués a preguntas que jamás tendrán respuesta: ¿Cómo es posible que se corte con un arma de doble filo la raíz de un vida que estaba en pleno crecimiento? ¿Qué puedes llegar a hacer para estar en esa horrorosa lista de caprichos?
Escribir esto no va a curar las heridas que no tienen cura, ni va a hacer más soportable un dolor que no entiende de calmantes. Pero puede llegar, te puede llegar.
Y ahora me dirijo a ti.
¿Sabes? Creo que cada estrella de las que brillan en el cielo son enrealidad el destello de una bombilla.
La bombilla de la lampara de noche de cada habitación de la gente que ya no está aquí, con nosotros.
En nuestro universo 2D, no podemos pasar de una dimensión a otra (ojalá...), no podemos volver a besar a los que se han ido, ni podemos volverles a acariciar la espalda, o a sentirlos, o a llamarlos...
Desde aquí, si lo pensamos bien, sólo podemos llorarles y recordales.
Inventarles miles de finales distintos, aunque en el fondo sepamos que pensar no es cambiar y que, por mucho que nos lo dijeran de pequeños, no todo tiene solución.
¿Cómo voy yo a calmar el dolor que tiene que estar soportando esa mujer que estaba detrás tuyo cada vez que te tambaleabas para sostenerte y que no te cayeras?
¿Cómo consuelo yo al hombre que está sentando en el sofá de su casa, con la televisión apagada, mirando a un punto fijo de la pared?
Nadie puede calzarse esos zapatos, nadie puede llegar a imaginarse cuán será la tristeza y la rabia de los más allegados.
Ahora todos pensaremos que deberíamos haber mirado más por ti, que te deberíamos de haber conocido más... Y es que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Hablo por mí cuando digo que no supe ver al completo la persona que tuve años delante de mis ojos.
Hablo por mí cuando digo que creo que esto no tiene pegamento que lo repare, ni cicatriz que lo cierre. Será una herida sangrante por mucho tiempo. Por demasiado tiempo, quizás.
Pero hablo por todos cuando digo que una vida de quince años no debería de irse de buenas a primeras por antojos de la muerte, de la temida muerte.
Hablo por todos cuando digo que te echaremos de menos.
Y hablo por todos cuando invoco que descanses en paz.
He escrito estas líneas sobre una arena imaginaria de una playa que jamás pisarás... Pero, ¿quién sabe? Puede que algún día nos volvamos a ver.
¿Tarde o temprano? Ay, eso ya no lo sé. Nadie lo sabe. Espero que mi nombre no se encuentre en la lista de deseos por año de ella,de la temida, de la todopoderosa, y aunque lo estuviera, ¿quién y cómo evitaría eliminarme?
¿Sabes? Nos volveremos a ver. Seguro. De momento, espérame junto a los más fuertes, en el sitio que te han dejado reservado.
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