Cuenta la leyenda, que en un pequeño pueblo de España, vivía una chica joven, de unos 15 años que, por diversos motivos, se tuvo que mudar a la ciudad; dejando atrás todo aquello a lo que quería. No se trataba de la familia o de los amigos. Encontraría amigos en su nuevo lugar de residencia, estaba segura.
Pero había algo que fallaba, algo que jamás encontraría ni en aquella ciudad, ni en cualquier lugar del mundo. Un equipo de fútbol como el suyo.
Muchas fueron las tentaciones de echarle un ojo al equipo de su ciudad, pero no.
Aquel equipo era realmente bueno pero no le llenaba como el otro.
Puede que fuera un equipo de pueblo, humilde y bastante malo, pero era su equipo, el suyo y el otro… El otro no le importaba en absoluto.
Y es que, la leyenda continúa diciendo que, aquella chica estaba más que segura de que nunca encontraría un equipo que se igualara al suyo.
No iban muy bien en la Liga, ni los jugadores eran eso, jugadores. No, no lo eran.
Tampoco había dinero para renovar a la plantilla, pero eso a ella… A ella no le importaba.
Lo que realmente le importaba era que, ese equipo que no valía para nada, le había regalo momentos totalmente inexplicables, momentos únicos, irrepetibles.
Momentos de alegría, pocos pero los pocos que fueron, fueron los mejores.
Momentos malos, malísimos.
Pero ante todo, aquel equipo le había
devuelto de una forma u otra la vida y eso…
Eso no lo iba a olvidar nunca.
Y la leyenda no acabó nunca, jamás se acabó de contar porque poco a poco, había gente que se ocupaba de matar al orgullo y de destrozar todo aquello por lo que un día, aquella chica estuvo luchando.
Enfrentándose a todo tipo de situaciones e incluso a su familia, pero que más da.
La chica era sólo una historia más, de esas que nunca terminan
-Laura-
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